jueves

La pena de muerte

Es curioso que mirando un mapa con las respectivas posturas de los países respecto a la pena de muerte se vean zonas claramente diferenciadas.

Las zonas desarrollados (económica y culturalmente), como Canadá, Europa o Australia están en contra de la pena de muerte (aunque curiosamente también lo están algunos países del sur de África o del Centro y Sur de América).

Por otro lado está la postura intermedia: los que están en contra de la pena de muerte por delitos comunes o los llamados abolicionistas de hecho, países en los que la pena de muerte es legal, pero en la práctica no se lleva a cabo; esta zona está en vías de desarrollo (el resto de Centro y Sudamérica).

Por otro lado están los países que aceptan y practican la pena de muerte: Casi la otra mitad del mundo, la mitad oscura.

Pero lo más curioso que he descubierto sobre este tema está en Estados Unidos (la mayoría de sorpresas desagradables lo están). Este supuesto país desarrollado, que maneja los hilos del mundo, desde Asia hasta África, inmiscuyéndose en todos los conflictos que desea, diciendo a el resto del mundo lo que debe hacer, manejando las empresas más poderosas del planeta. Este país, líder del mundo, no solo permite la pena de muerte en la mayoría de sus estados, además más de la mitad de los estados que la permiten la aceptan en menores de edad y aún más la aceptan en personas con discapacidades mentales. Aparte de que es el segundo país que más la aplica.

Dejando a un lado la discusión acerca de la pena de muerte, su implicación moral, el hecho de que es imposible demostrar a ciencia cierta la culpabilidad de alguien, el derecho que pueda tener el hombre para darle muerte a otro; dejando aparte todo eso, que ya es mucho. Es una vergüenza. Es una puta vergüenza. ¿Debemos confiar en el criterio de un país donde la muerte es un espectáculo, donde se impone la muerte a personas que aún deberían estar en el colegio, a personas discapacitadas que no comprenden en toda su magnitud sus actos?

En fin, sin lugar a dudas el mundo no corre en la dirección que debería, no corre hacía la meta. Pero siempre nos quedará la esperanza de que uno de esos grandes hombres (Washington, Martin Luther King, Gandhi, Nelson Mandela...) que aparecen muy de vez en cuando resurja desde la estupidez de las masas y devuelva a la Humanidad a su camino para hacer del mundo un lugar mejor. Esperemos también que no sea demasiado tarde.

No hay comentarios: