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miércoles

Oscuridad

Después de un largo tiempo sin publicar (apatía y pereza y falta de inspiración), os dejo aquí una poesía que escribí unas noches atrás. Mucho alcohol, como no. Por cierto, ahora que la releo sobrio, no me parece tan buena; pero como relleno servirá:

Oscuridad

Cristal oscuro
Oscura noche.
A traves de mi ventana
polvo y humo,
nada en la noche
que haga recordar
tiempos pasados.
Camino en el tiempo
sin mirar atrás.

Pantalla oscura,
intento escribir
los relatos de una vida
que nunca viví.
¿Quien sabe lo que sucederá
al salir tenue el sol
y alumbrar todo aquello
que creímos creer?
Memorias quemadas en el azar.

Sobrevivimos.
Como podemos, sobrevivimos;
alcohol y humo.
¿Quién sabe lo que sucedió
esa noche que nadie
-acaso las sombras,
y nadie más-
recordará jamás?
Oscura noche.
Sombría eternidad.

Una mañana creí despertar
más al alzar los ojos
solo pude ver
azabache realidad
e irreal sinceridad:
Una oscura,
oscura noche,
que nunca acabará.

Intento escapar
de un mundo
que me atrapó
-como dicen algunos:
sexo, drogas y rock n' roll-,
pero apenas recuerdo
la persona que fuí
ni la que pude ser.

Azul es la sábana;
azul es la llave
entre mis dedos,
azul es la puerta
hacia la verdad.
Azul lo es todo,
pero yo no soy nada:
Tan solo negro
en la oscuridad.

¿Hay vida más allá?
¿Existe eso que algunos
insisten en llamar
realidad?
Intenta encender una cerilla,
inténtalo,
y antes de poder ver nada
te quemarás.
Oscuridad.
Siempre oscuridad.
Nada es cierto,
nada es real.
Solo noche
y oscuridad.

"Nunca podrás despertar,
no intentes dormir.
De esta fantasía
jamás escaparás"
Me dice una voz
desde algún lugar.
Miró allí,
miro allá.
En las tinieblas
no hay mucho que buscar.
A tientas
y tropezando
en el vacío avanzo,
para enconcontrar
una decrepita figura
que rie y rie
y siempre reirá,
de noche en noche
toda la eternidad.
Resignado comprendo
que la figura circense,
demacrada y patética,
tan solo es mi reflejo
en el sucio cristal.
Y nada más que eso.
Eso y la oscuridad.

Así que olvidemos
todo lo que creímos saber.
Tan solo bebamos
por lo que nunca pudo ser.
Brindemos por la oscuridad:
Que nos envuelve,
que nos llena
y que hasta la muerte
nos acompañará.

sábado

Trabalenguas

"No me pongais cosas xungas en los altavoces, que la cuadra me descaja"


Mis compañeros ponían una peculiar canción mientras yo intentaba trabajar.

jueves

La fiebre amarilla



Estos últimos años se ha extendido entre las sociedad joven y friki una moda odiosa, la de adorar todo lo asiático y en concreto lo japonés. Que si ahora decimos palabras en japonés, leemos todos los cómics japoneses, miramos todas las series y hasta vestimos como ellos. Conozco algunos que hasta usan apodos japoneses. Y sinceramente, odio toda esa basura.





No me malinterpretéis, me parece muy bien que te gusten algunos cómics japoneses; hay algunos muy buenos. Pero de ahí a adorar todos los cómics como si fueran lo mejor de lo mejor pues me repatea, por que hay algunos que dan auténtico asco, pero la gente los compra y lee por que son japoneses y queda muy guay eso de leer al revés. Me jode sobremanera que ahora se considere friki todo lo japonés y a los demás que nos den. Pues mira, considero que muchos cómics japoneses son basura con personajes planos, historias absurdas y mucha sangre. Que queréis que le haga, en general me gusta mucho más el cómic americano e inglés; donde hay auténticas joyas con personajes interesantes, historias que atrapan e imágenes preciosas. También hay cosas malas, como en todos lados (sobretodo en los cómics de superheroes).



Me jode mucho toda esa gente que va de entendidos del cómic por que se han leído la serie entera de Naruto y alguna mierda más, cuando no tienen ni idea de quienes son Alan Moore, Neil Gaiman o Frank Miller; por poner algunos ejemplos. Bueno, a Frank Miller lo conocen por las pelis.





Pero no todo son cómics, miremos las series japonesas. La mayoría son adaptaciones edulcoradas e interminables de cómics. Sí, me gustaba mucho Son Goku cuando tenía ocho años y Oliver y Benji era una de mis series favoritas, pero el otro día intenté mirar un capítulo y me entraron ganas de pegarme un tiro. Esas series están muy bien hasta que dejas de ser un niño y empiezas a exigir cosas de calidad y no solo mero entretenimiento. También hay que decir que hay series que están muy bien, como Ghost in the Shell o Cowboy Bebop. No digo que en occidente no se haga basura, por que en este tema creo que se hace aún más que en japón. Por eso hay que tener un poco de sentido común y saber elegir lo bueno entre la ingente cantidad de series que vienen del país del sol naciente y no tragárselo todo como si fueran joyas solo por que es japonés.




Para acabar quiero comentar todo eso de imitarles en la forma de vestir, usar palabras japonesas al hablar o ponerse apodos suyos; en general adorar todo lo suyo. Hay gente con muy poca personalidad y hace todo eso por que es lo que está de moda ahora y en realidad no tiene ni idea de nada. Ya madurarán y se darán cuenta de que se han pasado muchos años de su vida haciendo el gilipollas. Todos hemos sido adolescentes y hemos hecho chorradas, aunque a la mayoría se nos pasó a los dieciocho años; y parece que a ellos no se les pasa. No quiero ver como serán a los cuarenta.



Como curiosidad decir que los japoneses adoran todo lo occidental, usan palabras inglesas cuando hablan e intentan imitar a los europeos en todo lo que pueden. Eso, amigo mío, es la ironía.

domingo

Sueños perdidos

Un relato corto de sueños, escritos y vividos por mí y por Carlos (que a ver cuando crea su propio blog):




Tumbado en la cama voy perdiendo la consciencia. Mis ojos se van cerrando. Me inundo y me hundo en el mundo de los sueños. La realidad se evapora y, poco a poco, me duermo.



Los colores se difuminan en mi mente mientras los sonidos se distorsionan en mis fantasías sexuales.



Piel suave contra piel. Un dedo recorre mi espalda. Sudo, suspiro, siento y olvido. Unas piernas me atrapan. Una boca me absorbe. Atraviesa mi garganta. Cuerpo contra cuerpo. No puedo evitar gritar. Gemidos en la oscuridad.



Mis dedos se vuelven garras, mis dientes son colmillos. Mis ojos rojos penetran en los tuyos y nos fundimos en un mar de pasiones desenfrenadas.


Aullidos. Sí. Suspiros. Sí. Tus uñas en mi piel. Te muerdes el labio. Sí. Cierro los ojos. Mentes en blanco, unidos en un abrazo final. Sí. Una eternidad en un instante. Sí. Momentos únicos y después la calma.


Mis corazón se relaja, mi mente se evade, la pasión se apaga y nace el momento del sosiego. La niebla azul difuminada en mis ojos, el calor templado de tu cuerpo junto al mio. Tu boca y tus labios exhaustos besan mi piel aun caliente. Te miro, preciosa, y siento que el tiempo se contrae y se dilata en el espacio infinito de las sensaciones recién sentidas. Te miro y se que por un momento fuimos un cuerpo y una mente unidos. Me miras y tiemblo.


Poco a poco, la cálida luz que me sostiene se va apagando y las tinieblas se ciernen sobre mi cuerpo. Sólo, perdido en la inmensidad de la nada. La niebla me rodea. Oscuridad gris. Agua. Agua por todas partes. Solo agua. Agua y oscuridad. Entre las densas brumas del anochecer se intuye la luz de la luna. Agua por todas partes. Agua rodeándome por todos lados. Siento sin verlo que estoy en un bote, deslizándome silencioso entre edificios que me observan sin verme, sabiendo que en cualquier momento podría ser descubierto por miles de miradas inquietas desde ventanas oscuras. Sospechando que en cualquier momento podría ser presa de ellos, en su guarida, acechantes, esperando una señal de mi debilidad. Tengo que ser cauteloso, pasar desapercibido. Remar despacio, sin hacer ni un ruido, dejándome llevar por la imperturbable corriente hacia dónde el destino quiera llevarme.


Lentamente me adentro en un mar de edificios semiderruidos, extrañamente inclinados. Grandes moles de cemento y piedra me rodean en su fútil inmensidad, en su vacía apariencia abandonada, como si quisieran hacerme creer que ya nada habita en ellos. Ennegrecidas sus fachadas, llenas de indistinguibles ventanas y puertas metálicas, ya oxidadas, describiendo una época que pudo ser mejor. Esconden secretos oscuros y mentes enfermas, esconden cosas que nadie querría descubrir, esconden el miedo más profundo de nuestros corazones.


La noche se cierra, todo se vuelve más oscuro y siento que algo atrapa mi alma. Ya casi no puedo ver más allá del agua que me rodea, aunque sigo intuyendo las miradas recelosas desde las ventanas. Esta oscuridad antinatural embota mis sentidos y me impide ver un camino por dónde escapar. Mire por donde mire, solo veo negro y gris, y no puedo hacer nada más que sentir que me apago por dentro.


Cuando creo que mi alma se desmorona, veo una luz en la lejanía. Alumbra con esperanza un camino por el que seguir, se que es una guía que me va a sacar de aquí. Remo con decisión hacía ese lugar donde se que está la esperanza, donde se que estaré a salvo. Remo con fuerza, cada vez más. Sabiendo que al llegar todo va a salir bien, sabiendo que este mundo de pesadilla se va a acabar. Remo y más remo y más creo que me acerco a ese lugar donde está la salvación. En lo más profundo de mi mente hay algo que me dice que tengo que ir a la luz, donde todo va a salir bien, donde todo el sufrimiento va a acabar. Esa luz que me reconforta, que llena mi alma de la ya olvidada alegría de existir. Remo desesperado por alcanzar ese limbo ante mis ojos. Siempre remo y me acerco, ya casi estoy allí. Se que voy a llegar, casi estoy donde debería estar. Falta poco, cada vez me canso más, pero se que vale la pena gastar mis últimas fuerzas, pues allí está el final del dolor.


Alzo la vista esperando haber llegado ya, pero me doy cuenta de que la luz sigue al final de camino. Sigo remando, intentándolo con todas mis fuerzas. Por mucho que me acerque, la luz sigue igualmente lejana. Por más remar se que nunca voy a llegar. Pero no por eso vale la pena dejar de intentarlo. Cualquier cosa por salir de este mundo al que nunca debí haber venido a parar.


Siento que mi ser se hunde en la desesperación por conseguir alcanzar el lugar donde se que está la paz.


La luz ante mí no se acerca y la oscuridad sigue estando a mi espalda. Por mucho que reme se que nunca voy a llegar a escapar de esta podrida ciudad que por todos lados me rodea. Cuanto más me acerco a la luz, ellos están más cerca de mí, y la luz más lejos.


Las aguas se tranquilizan, la luz se apaga. Vuelvo a sentirme perdido. La esperanza se desvanece y el miedo retorna. Vuelvo a sentir la incomodidad de las miradas ocultas a mi alrededor. Un instante. De un salto unas mandíbulas sangrientas me apresan en un abrazo final.


jueves

La petite morte

viernes

Cazando estrellas

Me tumbo en la arena. Por un rato ignoraré la fútil compañía y me retiraré a mis pensamientos. El vodka ayuda. El mar ennegrecido se agita y se retuerce poderoso, intentando conquistar la tierra, pero con cada abatida debe retirarse, dejando tan solo heridas en la arena. Las heridas cicatrizan y los recuerdos se olvidan. La playa de noche me trae recuerdos nostálgicos. Querida tierra, no queda mucho. Aparto los dolorosos pensamientos de mi mente y me tumbo en la arena. Hace frío. El vodka y mi querida chaqueta luchan con pasión contra la brisa del mar. Gana la brisa. Escalofrío. Miro el cielo. Hacía años que no miraba el cielo; lo veía pero no lo miraba. La verdad es que de niño me gustaba mirar embobado el cielo nocturno lleno de lucecitas parpadeantes, anonadado por la inmensidad del universo. Miro el cielo y me absorbe.



Flotando en el vacío, desnudo. Me deslizo por el espacio, surcando la nada, buscando mi presa. Veo una tímida estrella titilando solitaria. Caigo en picado sobre ella. La rodeo con brazos y piernas. Su luz pasa del amarillo intenso al naranja rojizo. Agonizante reúne sus últimos esfuerzos en una explosión mortal. Una luz blanca lo inunda todo.


Abro los ojos y contemplo todo lo que me rodea: Arena, mar, cielo, amigos borrachos. Todo apenas iluminado por la luna creciente. Suspiro y enciendo un cigarrillo. El humo sube en espiral hacia el inalcanzable cielo y la brisa del mar lo diluye en la noche. Se acerca un ente de semblante fantasmal, trayendo dos vasos y una botella de vodka medio vacía, medio llena, medio algo. “Bebamos” me dice. Bebamos entonces. Bebamos hasta vomitar recuerdos.

domingo

Fiesta!

El fin de semana pasado hubo unas 130.000 personas en el fórum. Yo fuí una de ellas. Estuve al pie del cañón el viernes y el sábado y el domingo. Muchísima gente, atracciones, tres o cuatro escenarios, varias carpas y gente haciendo botellón en el césped. Unos días más y otros menos, pero estuvo bastante bien.


Después de éso una semanita casi entera de descanso: Salir de casa a las siete de la mañana, seis horas de clase, comer, cinco horas (mínimo) de curro y volver a casa a las nueve de la noche. De lunes a viernes.


El fin de semana ha vuelto a llegar y yo he seguido dándole con el Martillo de Thor a mi hígado (esa analogía friki, ahí). El viernes tuve la primera borrachera con los de curro. Guay. El sábado estuve con un amigo por el mundo. Sitios chulos, música chula, drogas duras y colores que no deberían. A las seis de la mañana nos fuimos a unos columpios.


Bueno, éste es el resumen fiestero de mis últimos días. Ya se que últimamente sólo hablo de fiesta y de drogas, pero es que es lo único interesante que pasa en mi vida estos días. Bueno, tengo un proyecto en curso, pero no quiero mostrarlo hasta que esté acabado...

martes

La luna y los puntos de referencia

He oído por ahí que cuando vemos una enorme luna llena, realmente no es tan grande. Si os fijais siempre que vemos una luna enorme está baja. Yo no recuerdo ver nunca una luna gigantesta en lo alto del cielo. La teoría que he oído es que cuando vemos la pequeña luna en lo alto del cielo y la gran luna al borde del horizonte, realmente tienen el mismo tamaño. De este curioso efecto óptico tienen la luna los puntos de referencia. Es decir cuando vemos una cosa redonda, que no es más que una pequeña mota en el gran cielo estrellado nos parece pequeña en comparación con la inmensidad del gran cielo. En cambio cuando vemos una gran esfera realmente nuestro cerebro la está comparando con las pequeñas casitas y arbolitos que vemos allá en el horizonte, y en comparación la luna nos parece enorme.

No se si es verdad, no sería muy difícil comprobarlo; pero lo cierto es que esta noche, cuando veía la gran luna llena sobre el horizonte me he puesto a pensar en ésto. Hay muchas lunas en nuestra vida diaria, que depende de con que puntos de referencia las compares pueden parecer gigantestas y deslumbrantes o simples manchas amarillentas en la inmensidad oscura.

Pensad en una chica normalilla. Ni muy guapa ni muy fea. Si la pones al lado de auténticos adefesios, la mirarías y pensarías "Pues no está tan mal, pasable". Si en cambio la pones al lado de un grupo de pibonazos de película, entonces pensarías algo así como "Más bien tirando a feucha". Todo depende de los puntos de referencia. Es curioso que se me haya ocurrido primero este ejemplo. Cosas de la abstinecia sexual...

Si lo pensais un poquito encontrareis miles de ejemplos. El siguiente ejemplo que se me ocurrió fue la comida de mamá. Cuando estaba en casa estaba acostumbrado a ella y no es que la despreciara, pero tampoco me llamaba demasiado la atención. Era lo de siempre. Pero después de dos años pasando todo el curso fuera, no hay nada como el primer día de verano, cuando puedo volver a saborear los deliciosos manjares de mi querida madre. En serio que se nota mucho la diferencia de la comida maternal a la comida estudiantil. Y todos los que vivaís sin la mami, sabréis a lo que me refiero.

Para acabar citaré a mi querido Woody Allen, que dice algo así como:
"Todo es relativo, y la relatividad es subjetiva, pero la subjetividad es objetiva."


domingo

Sant Joan 07

La gran fiesta de Sant Joan ha pasado ya. Un año más, quien diría que hace un año que escribí esas palabras. Desde la resaca y la comodidad de una ducha escribo y pienso la gran noche que es siempre esta gran fiesta.


Por extraño que parezce cada Sant Joan que recuerdo es misteriosamente parecido. Siempre estoy con gente de confianza, en la playa. Bebemos, fumamos, nos bañamos y nos reimos. Pero las cosas no quedan así, en la noche de las brujas siempre ocurre algo misterioso, la cosa cambia y se producen situaciones casi mágicas.


Siempre acabo hablando al amanecer con gente que apenas conozco y que casi nunca volveré a ver. Conversaciones extrañas con gentes extrañas (amigos de amigos de amigos de...). Después desaparezco o desaparecen los demás y acabo dando tumbos por el paseo yo solo un par de horas hasta que las fuerzas me fallan y vuelvo a casa. Deambulo con la mirada en el horizonte, extraño, lleno de sal y arena, medio mojado, medio cansado, medio borracho. Llego a casa, me desnudo y duermo hasta las 3 o las 4.


Es un guión escrito para mis noches de Sant Joan que generalmente se cumple.


Curioso.

sábado

Oremos

Misteriosamente encontré en el ordenador un curioso archivo con el nombre de "oracion.txt":

Comencemos este incierto pero bello dia con una oracion :

Cocktel nuestro que estás en el vaso
A través de la boca ábrete paso.
santificados sean tus grados,
vengan a nostros tus efectos.
Hágase tu voluntad así en el bar
como en el pub.
El pedo de cada noche dánoslo hoy.
Perdónanos nuestras mezclas así
como nosotros perdonamos el garrafón.
Y no nos dejes beber Buckler sin alcohol
mas líbranos del Bitter Kas
Amén

martes

Carta de despedida

Anoche soñé contigo. Pero no fue un sueño bonito. Soñé que morías y desperté llorando. Se que aún te quiero. Díficil decirlo, pero es así. Seguramente tu también me quieras. Pero ya no es como antes. Las cosas no van bien, y no creo que algún día puedan irlo. Este desastre no tiene arreglo. Éramos la pareja perfecta. Todo mentira. Cuando parecía que todo iba bien tu morías por dentro. Qué estupido, no me di cuenta. Tuvo sus consecuencias. No pienso discutir más. Simplemente te perdono.
Me he dado cuenta de que no vale la pena, no vale la pena sufrir por algo que fue y ya no es. No vale la pena sufrir por los errores del pasado. Déjemoslo correr, lo intentamos y no funcionó. No somos tan buenos como creíamos. Lo que no pudo ser, no será.
Con esta carta me despido de tí. Me voy, lejos; puede que no me vuelvas a ver. Eres libre. Rehaz tu vida. Llorarás, como lloro yo ahora; pero eres fuerte, lo se mejor que nadie, y lo superarás.
Dicen que el tiempo lo cura todo. Es mentira. Se que jamás me curaré de tí. Prefiero no olvidar lo que siento. Es demasiado profundo, es parte de mí. Eres parte de mí. Algún día puede que nos volvamos a ver. Alguna ciudad, algún bar, algún parque. ¿Quién sabe? Puede que algún día pueda volverte a mirar y no morir por dentro. Por que te quiero. Quizás ese día podamos conocernos de nuevo y volver a ser amigos, pero esta vez sólo amigos.
Adios.

sábado

Una noche más

Tengo resaca. Ha sido una de las noches más raras de mi vida. Al menos vi el amanecer.

La noche empieza bien

La noche empieza bien. Después de quedar con unos amigos para algo que no viene al caso salimos al encuentro de los demás. Las diez y media. La noche empieza bien. Empieza en un bar cutre, barato, donde bebemos varios semen de rata (está muy buena y entra muy bien, aunque sabe a jarabe infantil) por siete euros el litro. Jugamos a cartas. Divertido. Estoy en una esquina (como toda la noche, aunque ya hablaré de eso) y mientras los demás hablan de gilipolleces yo me emparanoyo con unas extrañas marcas en la mesa. Una parece que pone “Sex”. Estoy enfermo. “Estás enfermo”, me apunto en el móvil para acordarme a la mañana siguiente. Estoy enfermo y necesito sexo. La tía que está delante mío me hace caso y pasa de mí según el momento. Extraño. Creo que está colada por el tío que está en la otra punta de la mesa. Un capullo. Es el único momento de la noche que llego a ir algo borracho. Le hago una foto a Mia (la tía que no me hace caso) y a Javi con el móvil sin que se den cuenta. Me gusta tener fotos de todos mis amigos. “Amigos”.

Nos vamos. No miro la hora. Pasamos por delante de un conocido bar y un un par de amigos entran a felicitar a una chica que nos gusta a un amigo y a mí. Por supuesto nadie lo sabe. Por supuesto yo no entro. Me quedo hablando con Javi Un gran tipo. Se marcha porqué “en teoría” al día siguiente tiene un partido de tenis con un japo. Un rato después salen los amigos y discuto con Fernan acerca de Javi, uno de los mejores chicos que viene de tanto en cuanto con el grupo. No nos extraña que se aburra. Nos proponemos integrarlo permanentemente, aunque es difícil. Le aburrimos. Hasta nos aburrimos a nosotros mismo; pero somos amigos y nos lo perdonamos.

Vamos a un bar de acabados y hacemos una absenta. Me siento en una esquina y acabo hablando con el tipo de siempre. Desarrollamos varias teorías. La primera es acerca de que el dueño del bar, que tiene dos locales, siempre está en el que nosotros vamos. O nos sigue o es omnipresente. La segunda es acerca de sentarse en las esquinas, donde estoy yo en este momento. Cuando estas en una esquina, por ejemplo en la derecha, solo puedes hablar con el tipo de tu izquierda. Por otra parte el tipo de tu izquierda debe decidir si hablar con el solitario tipo de su derecha (tú) o con los de la izquierda, donde está el resto del grupo. Por tanto los tipo de las esquina son unos marginados. Como yo. Y como el tipo con el que estoy hablando. Se me acaba el tabaco.

Salimos del cutre-bar. Tampoco miro la hora. Acompañamos a unos del grupo a comer un durum. Estamos en la plaza un rato. Me empieza a entrar el sueño. Dicen de ir a un bar a jugar a futbolín. ¡Pum! Lo reconozco. Aquí es donde empieza a acabar la noche. La peor idea que se podía tener. El principio del fin. Encima quieren ir a un bar a tomar por culo. Desde ese bar estoy a treinta y cinco minutos de casa. Desde donde estamos estoy a diez. Obviamente les digo que no. Les digo que vayan ellos, que así son pares. José me dice que quería acabar la noche conmigo, le apetecía hablar. Mala suerte; por muy amigos que seamos no pienso caminar treinta y cinco minutos de ida y otros tantos de vuelta para hablar con él mientas juegan a futbolín. Me intentan convencer. Que si después me acompañan a casa, que si se se puede volver en bus, que si soy su pareja de futbolín que si... Consigo que todo el mundo se ralle y deciden ir a casa. Miro el reloj. Son las dos y cuarto. ¡Me cago en la puta! Que pronto. Con mis antiguos “amigos” (Los que substituí por estos) todavía estaría empezando la noche. Propongo ir a hacer una sangría. Acabar bien la noche. Media hora solo, y después puedo ir a dormir tranquilo. Tan amigos. Todos me dan largas. Tengo que hacer algo. Les digo que yo iré, aunque vaya solo. Se lo creen, saben que soy capaz. Por supuesto no lo haré, pero en ese momento me convenzo a mi mismo. No consigo reclutar a nadie. Es extraño, siempre consigo algo más de lo que la gente cree que quiere, eso que yo sé que quiere. Algo más. Todos estamos rallados. Cada uno se va por su lado. Ellos, todos juntos, por uno, y yo por otro. Es el fin. El fin del fin.

Empiezo a caminar, solo; en un principio dispuesto a beberme la sangría solo. Cuando paso delante del bar de la sangría pienso que tendré que pedir una mesa para uno y un litro de sangría. Soy un borracho, pero no tanto, y en general no me gusta hacer el ridículo. Me paro en un bar que ponen una buena canción (una de esas buenas canciones que oyes a menudo, pero que no sabes el nombre del grupo o de la canción) a comprar tabaco. No tiene Lucky Strike. “Golpe de suerte”. Yo tampoco. Compro Camel, una buena alternativa; aunque no mi preferida, y me fumo uno. Camino, solo. Por primera vez en toda lo noche tengo frío. Camino, solo. La calle de piedra avanza bajo mi, constante. Las paredes se cierran cada vez más, asfixiándome. Una gárgola me mira y se ríe de mí. Normal. Paso por una vieja plaza, llena de viejos, apergaminados y mortecinos recuerdos. Allí dos vagabundos errantes pasan cerca; los dueños de la noche. Sus borrachas risas penetran en mis oídos, los atraviesan como una taladradora. Uno lleva una raída sudadera de “Hell's in us”, un grupo de Heavy Metal ochentero. Curioso. “El infierno está en nosotros”, significa. Lo más curioso es que en inglés se pronuncia exactamente igual que “El infierno está en el culo”. Curioso, pero en ese momento no le veo ni puta gracia. Sigo caminado. Llego a una calle importante. Intento cruzar pero un coche embiste y los tres de detrás aprovecha y pasan. Como los odio. Cruzo el medio. Veo un árbol al que le han cimentado las raíces. Triste, pienso. Espero... deseo con toda mi alma que ese árbol en un último esfuerzo natural rompa el cemento que le aprisiona y salga al exterior. En el siguiente paso de cebra embisto yo a los coches. Yo tengo razón, deben cederme el paso. Si me atropellan me tendrán que pagar una indemnización. No me importaría que todo acabara ahora. Que acabara ya. ¡Ya!










Pero no acaba. Sigo caminando. No veo, ni oigo, ni siento nada destacable. Camino. Camino. Camino. Camino. Camino. Llego a casa y veo a unos vecinos jóvenes que entran. Me cierran la puerta en las narices y tengo que volver a sacar la llave. Hijos de puta. Entro. Veo que uno de los vecinos cabrones espera el ascensor mientras lee un cartel con un anuncio. Llega el ascensor y me monto en el sin decirle nada. Que espere al siguiente, que se joda. Llego a casa y reenciendo el ordenador. Enciendo el Winamp y pongo Metallica de fondo, flojito. Son las dos y treinta y cuatro. Empiezo a escribir:

“La noche empieza bien...”

jueves

Camino

Ando por un camino. Un sendero entre la niebla. La tierra caliente y removida apenas se distingue del pequeño río el curso del cual siguen mis pies. Alrededor todo niebla y árboles. Árboles viejos. Llenos de recuerdos tristes murmuran, murmuran sin censar. Oigo sus palabras caer sobre la tierra húmeda como las gotas de lluvia caen sobre el mar, un mar gigante, inconmensurable, de inconmensurable tristeza. Caen las gotas de rocío, las palabras de viejos árboles, sobre la tierra húmeda y cruel, que se traga las pequeñas gotas hechas de recuerdos. De recuerdos tristes. Se las traga en el olvido. Sigo mi serpenteante y abrupto camino entre las tierra de los recuerdos olvidados, aquellos recuerdos que nadie quiere recordar. Sigo mi camino sin mirar atrás. No miro atrás, pero se que las huellas de mis pies descalzos arden un instante en fuego. Y luego se las traga la tierra. La tierra del olvido. Fuego de pasión. Olvido.

Se adonde lleva el camino. No es mi destino. El destino de los hombres se basa en las elecciones. Yo no elegí el camino, el camino me eligió a mi. Es el destino del camino. Soy el destino. Se que debo andar sin mirar atrás. No tengo elección. Tampoco miraré adelante, no hay nada que mirar. Ya se a dónde lleva el camino. Todos lo sabemos desde el momento en que nacemos, desde el momento en que primera vez amamos. Lo sabemos pero no queremos saberlo. Intentamos olvidarlo, pero está ahí, siempre, en nuestras vidas. Aunque no queramos, sabemos que es el camino. Y esta ahí. Siempre. Puede que no lo reconozcas, puede que jamás tengas que tomarlo; pero esta ahí, y lo sabes. Todos lo sabemos. Todos amamos. Camino por el camino. El camino del olvido, de los recuerdos olvidados. Camino hacía las montañas. Hace tiempo que el camino sólo sube, y se que no volveré a bajar. Voy a morir, a olvidar, a las montañas. Y voy por el camino del olvido. Puede que algún día yo sea un árbol triste, llorando sobre la tierra caliente, hasta secarse mis lágrimas y convertirme en un simple leño. Pero no me importa. Ya nada importa, sólo camino.

Mis pies se arrastran con lentitud, pero no con desánimo, para estar desanimado hay que tener alma. ¿Alma? ¿Alguien la vio? ¿Alguien la tocó, olió o sintió? Si alguna vez la tuve, la perdí al iniciar el camino. Sólo somos trozos de carne, sin alma; y cuando muramos sólo quedará el recuerdo. Nada es eterno, y menos eterno que nada es el recuerdo. Camino.

Entre las montañas me introduce el camino. No lo veo, pero lo siento. El aire es frío y asfixiante. El aire de las montañas. Lo respiro. Me trae sensaciones de dolor, de pasión y de dolor. Mucho dolor. No le temo al dolor. El dolor me trajo aquí y en el dolor moriré. Sigo adelante respirando dolor. Los árboles ya no murmuran, ya no se oyen las gotas al caer, la niebla ya no roza suavemente la tierra. No me atrevo a alzar la vista, temo que no haya nada que ver. Ya no hay árboles, ya no hay niebla. Sólo hay dolor. Dolor y un camino que seguir. Mis pies se abren y las piedras afiladas llegan a mi carne, el camino ya no es de tierra. Rocas como cuchillas supurando líquido negro y rojo. Dolor.

Camino eras enteras y el dolor, como todo, no tarda en desaparecer tras el olvido. No hay que olvidar que es el camino del olvido y es lo único que no se puede olvidar en este camino. Camino sobre una superficie gris, casi blanca; indiferente. Mis pies se paran y alzo la vista. Estoy frente a una cueva pequeña, oscura. Por encima, el cielo. El cielo purpúreo que marca el fin del día y comienzo de la noche. De mi noche. Entro en la cueva y duermo. Para siempre.



Estoy...

Me paso la tarde plantado en la habitación. Olor a tabaco, a sudor, a cerrado. Leo, escribo, miro, trabajo, pienso, imagino. Me aburro. Imagino.

Estoy sentado ante el ordenador y imagino que mis amigos/compañeros/fantasmas tocan a la puerta, abro sorprendido y me proponen ir a una fiesta. Cogemos el metro y nos plantamos en una vieja casa llena de gente guapa, buena música y alcohol. Hablo con todo el mundo; nos los pasamos genial. Acabamos la fiesta dos parejitas en el jardín, con un porro y muchas caricias. Todo es perfecto.

Estoy tumbado en la cama con un cigarro en la boca y imagino que suena el móvil. Lo cojo sobresaltado y es un viejo amigo. Me dice que si voy a tomar una birra con unos amigos suyos. Estamos horas hablando de asuntos banales. Cerveza tras cerveza. Después, ya con el puntillo, vamos a casa de una amiga suya y nos bañamos en la piscina, desnudos, riendo.

Estoy dando vueltas por la habitación comiendo chocolate y imagino que alguien me habla por el messenger. Es un conocido con el que nunca he hablado. Me dice que está aburrido, que si me apetece ir a su casa a fumar unos porrillos. Estamos hasta las once mirando videos cómicos y riendo. Vamos a un bar y empezamos a darle al tequila. Acabamos dando tumbos por la calle y cantando canciones irreconocibles.

Estoy leyendo la misma página de un polvoriento libro desde hace media hora y imagino que suena el teléfono. Es una amiga de una conocida de un casi amigo. Me dice que se ha fijado en mi y que ha conseguido mi número. Quedamos para tomar un café. Amanecemos en la playa, abrazos.

Estoy...

Creo que será mejor que vaya a dar una vuelta.

domingo

El puto perro muerto


Como se aburre uno a las 2 de la mañana, joder. Y hemos dicho: "Vamos a escribir algo en esa mierda de blog. Total, que más da si es una gilipollez, nadie lo va a leer." Si es que el cerebro ya no es lo que era, la cerveza y los porrillos tendrán algo que ver...
Pues a lo que iba, el perro muerto. ¿Tú sabes lo que es tener que levantarse a las 6 de la mañana después de una noche loca, con la puta resaca, para enterrar un puto perro? Joder, lo ves ahí, to tieso en la alfombra, y te preguntas ¿no se podría haber esperado hasta las 11? Sí, vale, te da mucha pena y todo eso, pero tienes sueño y una resaca del 15. Joder.
Cambiando de tema, ¿por qué la gente es tan gilipollas? Es una buena pregunta, desde luego. En serio, es que yo los veo, ahí... y pienso "¿Cómo cojones se puede ser tan gilipollas?".
Joder, tío, pasado mañana tengo un puto examen la ostia de importante, no he estudiado nada, y estoy aquí, a las 2 de la mañana, to amargao, escribiendo en esta mierda blog. Estoy delirando.
Ostia, ya se de que hablar (escribir). Ayer me hicieron un test psicológico, de esos xungos. Ya intente hacerlos en serio, ya en coña, siempre sale que soy un puto enfermo mental con traumas sexuales que influyen en mis relaciones sociales y por eso soy un puto colgao sin amigos. Tienen razón, aunque mienta siempre me pillan.
Paranoia-paranoia, super-paranoia. (Me vino a la cabeza).
¿Alguna vez os habéis emborrachado solos? Seguro que la mayoría ni siquiera bebéis. Que asco de gente. No se ni lo que digo, nadie leerá esto. Yo no lo haría.

De que queréis que hable (escriba) ahora. Ya veis, estoy hablador (escribidor). Las opciones son: "Vergonzosos traumas sentimentales-sexuales" o "Carlitos, el oso depresivo". Ha ganado la segunda opción, dejamos los traumas para otro día:
Carlitos, el oso depresivo (¿cómo cojones se hace en esta cosa para subrayar una frase?)
Les voy a contar la historia de Carlitos, como la mayoría de historias verídicas no es una historia feliz. Carlitos era un osito normal. Estaba casado con una osita, trabajaba de diseñador de procesadores de alta función (me lo acabo de inventar, pero suena bien) y los viernes iba a jugar a tenis. Carlitos era un osito normal. Pero pasaban los años, las cosas empezaban a ser distintas, ya no tenía veinte años y no veía la vida de color rosa. Todo era muy cómodo, pero no veía en la comidad la fuente de la felicidad. Para muchos el día a día de Carlitos era la imagen de una vida perfecta: se levantaba temprano, pero sin prisa, iba a un trabajo de seis horas nada estresante, comía con un compañero y hacía remesa hasta las 3, volvía a casa y se pasaba la tarde con su hobby "especial" (comer tierra), después de cenar veía alguna mierda por la tele, y una mamadita antes de dormirse. La vida perfecta. Pero carlitos no era feliz, ni con su trabajo poco estresante, ni con su remesa, ni con sus comilonas de tierra. Supongo que no mejoraría mucho las cosas el encontrarse, después de una reunión cancelada, a su mujer penetrada por dos osos pardos de dos metros de altura y unos rabos como su brazo. No, no mejoraría mucho las cosas. El caso es que una clara mañana de primavera Carlitos se arrojó con su descapotable por un precipio. Unos dicen que no pudo aguantar la monotonía de la comodidad, otros que no pudo aguantar a la zorra de su mujer, otros que se le rompieron los frenos.

miércoles

Muerte y pasión ámbar

Caminando entre las sombras. El frío suelo de madera amortigua los pasos. Camina recto, sin prisa pero con decisión. Sabe donde va. Entra en una sala levemente iluminada por el fuego. Fuego. El resplandor dorado de las velas y el cálido naranja de la chimenea. En el centro hay un sofá cubierto por una tela. Las paredes moradas tienen cuadros de seres imposibles, cubiertos de polvo. Al fondo, lejanos, hay unos ventanales hasta el techo, cubiertos por unas cortinas verdes. Verde oscuro. Camina. Camina y se sienta en el sofá, suavemente, levantando una nube de polvo grisáceo. Espera. Apoya la cabeza. Cierra los ojos.
Una mujer desnuda se acerca de frente. Sus pasos son suaves, casi se desliza. La piel blanca como la luna contrasta con el pelo rojo fuego. Los labios y pezones rosados, suaves. Se acerca de frente. Sonríe. Cuando se para a un palmo de él, cree que el corazón le va a estallar. Nota la sangre palpitando en su cuello. Le tiemblan las rodillas. Jadea. Tiene la respiración agitada. Los nervios a flor de piel. La bella mujer se inclina. Ámbar. No puede dejar de mirar el ámbar hipnótico de los ojos de la mujer. No existe nada más que los ojos de la mujer. La habitación ha desaparecido. Ámbar. Solo siente el ámbar de los ojos y el latir de su corazón, cada vez más rápido. Parece que va a estallar, pero no puede dejar de mirar el ámbar de los ojos.
Abre los ojos. Está en la habitación. Solo. La respiración se vuelve acompasada y tranquila y su cuello deja de palpitar. Las rodillas ya no tiemblan. El corazón vuelve a la normalidad. Se hunde en el sofá con un suspiro. Mira la puerta. Está cerrada.
Una mano blanca le acaricia suavemente la mejilla. Siente la piel suave quemando en su cara. Ardiendo. La mano suave y fría le acaricia y su cara arde. Gira el cuello mecánicamente y ve a la mujer. Pero su corazón no se acelera. Está tranquilo. Sabe lo que sucederá y sabe que no lo puede evitar. Se deja llevar. La mujer se inclina y sus labios rosados se posan en los suyos. Entrecierra los ojos. Fuego. Arde. Siente su lengua poderosa en la boca. En su cuello. En su pecho. Se levanta cuando el dedo fino y blanco se lo ordena con un grácil movimiento. Tiene a la mujer enfrente, cerca. Muy cerca. Con un simple movimiento podría besarla. Mira dentro de los ojos. Ámbar. Ya no le impresiona. Tan solo es una mujer. ¿Qué puede pasar?
¿Qué puede pasar? Los dedos de la mujer, con un movimiento suave se deslizan por los hombros de un blanco mortal. El vestido verde se desliza hasta el suelo. Sabe lo que sucederá.
En ese momento despierta jadeante. Recuerda haber caminado, recuerda la habitación y el sofá y... Y la mujer. Pero no puede ser. Está en la cama. Tan solo fue un sueño. Un sueño horrible. Sintió la dominación. Sabía lo que sucedería y no podía evitarlo. No quería, pero pasó. Agobiantemente ardiente. Tan solo un sueño.
La luz se filtra por las suaves cortinas y se posa sobre las sábanas de seda negra. Sube por el brazo, sin prisa, a medida que la esfera solar asciende en el cielo. Sube por el brazo y llega al hombro. Por donde pasa deja un rastro de calidez y luz. Llega el día. Del hombro llega al cuello y lo acaricia. El cuerpo se estremece. Pasa suavemente por el cuello y como un intruso se abre paso en la cara. A su llegada las sombras retroceden y los músculos reaccionan. Deja un rastro de calidez en la mejilla y en la comisura de la boca se puede apreciar una delicada sonrisa. Sin previo aviso se posa en los párpados. Lo que hasta ahora era un suave recorrido por la piel, devolviendo la calidez natural del día se convierte una agresiva intrusión en los ojos. Los ojos siempre preferirán el frío de la noche.
Molesto se gira, pero ya no podrá volver a despertar. El día ha llegado y no se puede evitar. Se reclina perezosamente. La luz entra alegremente por la ventana de enfrente. Todo es luminosos y agradable. Sonríe. Un día bonito, un día perfecto. Planifica cuidadosamente el día en su mente. Perfecto. Se gira contento. Horror. El horror ahonda en su interior. No puede ser. Tan solo fue un sueño. A su lado, en la cama, acurrucada entre las sábanas negras, relucientes, está la mujer. La piel blanca reluce misteriosamente. Los labios sonrosados sonríen maliciosamente. El pelo anaranjado parece burlarse de él. No puede ser. Algo no encaja. No puede estar aquí. En ese momento de desesperación la misteriosa intrusa abre los ojos. Ámbar. No puede ser. Le miran fijamente, le atraviesan. Se oye una risa maliciosa, antinatural. Le atraviesa los oídos. Como un martillo golpeando su cerebro. Se derrumba en la cama. No puede ser. La risa le invade, le ahoga. No puede ser.
Abre los ojos, desesperado. No puede ser, tan solo fue un sueño. Abre los ojos. No puede seguir allí. Tan solo fue un sueño. No existe. Abre los ojos. Solo ve una cosa. Le aterroriza: Ámbar.

martes

¿Cómo puede ser feliz este gato negro?

Nunca he sabido si soy jilipollas o es la demás gente que es demasiado lista.
¿Por qué parece que a todo el mundo le va tan bien?
¿Cómo pueden ser todos tan felices?
¿Cómo puede ser feliz tu amiga Ana saliendo con el capullo de Carlos? ¿Cómo puede ser feliz el capullo de Carlos teniendo a Ana y tirándose a Julia semana sí, semana no? ¿Cómo puede ser Julia feliz sabiendo que es la otra? ¿Cómo puede ser feliz el mejor amigo Andrés cuando lleva un año sin comerse una rosca? ¿Cómo puede ser feliz José sabiendo que si estudiara media hora cada día conseguiría aprobar algo, y aun así ni lo hace ni deja los estudios? ¿Cómo puede ser feliz Adrián cuando ve que la admirable insistencia que pone sobré José no consigue que hinque los codos? ¿Cómo puede ser feliz Paco teniendo por mejor amigo al inmaduro e irremediablemente interesado Juan? ¿Cómo puede ser feliz Juan teniendo por mejor amigo al pedante de Paco? ¿Cómo puede ser feliz el borracho que acaba de caer en algún bar, lleno de absenta y malos recuerdos? ¿Cómo puede ser feliz esa chica que se deja penetrar por cualquier desgraciado? ¿Cómo puede ser feliz aquel que persigue sin tregua desde hace años a aquella que no le hace caso? ¿Cómo puede ser feliz ese bloque de vecinos que cuando bajan la basura ven un prostíbulo en su acera? ¿Cómo puede ser feliz el hombre del chalet que ve desde la ventana de la cocina al vecino del coche el doble de caro?
¿Cómo puede ser feliz este gato negro que contempla desgracias, se alimenta de penas y vive en las sombras del mundo?
¿Cómo puedo ser feliz yo cuando todos los demás son tan felices?

domingo

La Navidad, como no...


Como no, yo me apunto a lo de hacer artículos acerca de la Navidad. Todo el mundo habla de ello, todo el mundo piensa en ello, toda la gente vive para ello. Y yo, pues a sacar tajada (que no somos gilipollas, y así publico unas líneas). No abunda la originalidad.
Antes de nada, veréis que llevo unos... cuatro o cinco días sin publicar. Bueno, por decirlo de algún modo me he tomado unas pequeñas vacaciones: Salir mucho, comer mucho, beber mucho y pensar poco. ¿No es ese el espíritu navideño? Pero tranquilos, ya me estoy desposeyendo de ese molesto espíritu. He visto a los amigos, los amigos me han visto a mi y la familia está ahí. Después de unas cuantas comidas empalagosas me he tomado un ratito para escribir.
¿Qué es realmente la Navidad? (¿y por qué cojones se escribe en mayúsculas?) Algunos dirán que es la celebración del nacimiento de Cristo. Yo soy ateo, ya me dirás que me importa a mi el nacimiento de ese tipo, vale que fue importante y todo eso, pero ¿acaso celebramos el nacimiento de Mahoma?, entonces ¿por qué debemos celebrar el de Jesús?
Algunos alegan que es una época de felicidad en la que la gente se divierte, se reparten regalos y todos son muy felices. Felices y estúpidos. Para empezar ¿cuál es el objetivo de esa supuesta “época de felicidad”?. Pensadlo bien. ¿Por qué debemos regalar cosas y felicitarnos? La verdad es que yo nunca he sido muy dado a los regalos. ¿No será acaso otra excusa para calmar nuestras ansias consumistas?
Otros dirán que es una época para estar reunidos en familia y todo el rollo. He de confesar que tampoco soy un gran defensor de la familia. Bueno vale, con los años y el contacto se llega a crear una estima y lo quieras o no ellos te han educado (mejor o peor). Pero tu no eliges a tu familia, sale como sale; y si no te gusta te jodes. Yo soy más partidario de los amigos. Tienes más en común con ellos, al menos los puedes elegir; y si no te gustan suele haber de recambio. Personalmente no es que me lleve mal con mi familia pero no son... de mi estilo, por decirlo de algún modo. No hay tanta confianza como con un buen amigo.
Así que esta Navidad intentaré no pensar demasiado, aprovechar las vacaciones para emborracharme todo lo que pueda, poner buena cara y seguir caminando por la vida, como si nada.

viernes

Noche sin luna


¿Qué se puede hacer una noche sin luna?

¿Qué se puede hacer?

¿Qué se puede hacer cuando el mensajero ya llega?

Oyes su paso lento,

El arrastrar de la condena

Por el frío suelo de la cocina,

Y te preguntas

¿Qué se puede hacer cuando el vaso ha sido vaciado?

Donde una vez hubo el líquido vital

Ahora solo ves el vacío en el cristal.

¿Qué se puede hacer?

¿Qué se puede hacer cuando vislumbras entre brumas

una sombra que se acerca?

¿Qué se puede hacer una noche sin luna?

Las posibilidades son infinitas

Y cada una más decepcionante.

Todo lo has probado ya,

Nada te satisface, nada te libra.

Morir a oscuras. Vas a morir una noche sin luna.

Sin luz, sin iluminación, viajero sin camino

Perdido en el destino.

Azar y drogas,

Tabaco y alcohol,

Sexo y perdición.

Gloria pasada:

Una maqueta desgastada.

Todo lo cubre el polvo,

Solo quedan en pie

Los momentos de horror.

Pero fuiste feliz, ignorante feliz.

tequila y anís

(quizás algo de ajenjo)

El hada verde te agració.

Locura y perdición.

Y hoy te preguntas:

¿Qué se puede hacer esta noche vacía de todo contenido,

De toda vitalidad, sangre y semen, fecundidad?

Vitalidad, sabor a vida perdida en el remolino.

No estás impresionado:

Conoces la cara del miedo,

Es tu cara, es tu humilde fachada.

Es tu cara la que te lleva de vuelta

Al lugar del que nunca debiste escapar.

Dios no existe,

Pero estás aquí.

El Diablo no existe,

Pero estás aquí.

No existes, pero estás aquí,

¿No es así? ¿Lo es?

¿De verdad lo crees?

Si pudo esperar, esperará.

¿Qué es un segundo para la eternidad?

Para mí es la eternidad.

Un vacío en el infinito en el que contemplar,

Y preguntarme:

¿Qué se puede hacer?

¿Qué se puede hacer una noche sin luna?

¿Qué qué se puede hacer?

Esperar.

(Foto por: José Muñoz)